Reúne a las mujeres

 

Reúne a las mujeres.

 

“Reúne a las mujeres” es un mensaje que envía a sus hijas la Madre Tierra, la Madre Diosa, el arquetipo de la Madre. Las palabras evocan un intuitivo reconocimiento, una sabiduría cuyo momento ha llegado. Es un llamamiento de la Feminidad Sagrada para que la mujer tome consciencia del principio femenino. Ha llegado la hora de “reunir a las mujeres”, pues sólo con la fuerza que nos da el estar unidas podemos las mujeres proteger con fiereza aquello que amamos; sólo entonces estarán a salvo los niños, y la paz será una posibilidad real”. Jean Shinoda Bolen.

 

 

Hoy queremos compartir contigo algunos pasajes de este libro que nos encanta y que al leerlo una y otra vez, refleja de una manera única el porqué de Tierra de Lunas, el para qué de encontrarnos para celebrar y celebrarnos, para tejer redes, para compartir y acompañarnos a alumbrar un mundo nuevo.

 

Se trata del libro de Jean Shinoda Bolen Mensaje urgente a las mujeres. Un libro para reflexionar acerca del rol que tenemos las mujeres en este momento de la historia y en la necesidad profunda de convertirnos en agentes de cambio para detener la violencia, instaurar la paz y convivir en armonía con todas las formas de vida que conformamos la vida del planeta Tierra.

 

 

“La primera vez que oí la frase “reúne a las mujeres”, me sentí profundamente en sintonía con esas palabras. Soy sin duda una de las mujeres a las que va dirigido el mensaje, como quizá tú también lo seas. Es un mensaje urgente de la Madre a sus hijas, que no oirán aquellas mujeres que son aliadas del patriarcado, cuyas identidades y cuya valía nacen de sus relaciones con los hombres y con las instituciones hechas por los hombres. Las mujeres que responden poseen un sentimiento de hermandad hacia otras mujeres, y reaccionan con maternal desvelo ante el dolor y el sufrimiento, especialmente ante el de aquellos que son vulnerables y se sienten impotentes.

Desde el punto de vista colectivo e histórico resulta relevante ser mujer en el siglo XXI. Por un lado, el destino de la Tierra y el de toda la vida que hay en ella está en peligro; por otro, henos aquí: mujeres que hemos gozado de los beneficios de una educación, de unos recursos, de la oportunidad de elegir en cuestiones reproductivas, de viajar, del acceso a Internet, y de una esperanza de vida mayor de lo que las mujeres jamás hayan tenido en la historia de la humanidad.

Ya en dos ocasiones han cambiado las mujeres su propio mundo y han influido en el mundo a gran escala a través de la acción colectiva. A la primera de ellas se la llamó “el movimiento sufragista feminista”; su meta era la igualdad política: el derecho al voto. A la segunda se la denominó simplemente “el movimiento feminista”; sus principios y objetivos eran la igualdad social, personal y económica.

 

Yo siento que, en lo más hondo de la conciencia colectiva,
se está fraguando un tercer movimiento que va cobrando ímpetu.

 

Puede que se convierta en “el movimiento de las mujeres por la paz” esta tercera vez; su meta: detener la violencia mediante la participación de las mujeres en su prevención, en la resolución de conflictos y en la restauración de la paz. La violencia doméstica, la violencia en las escuelas, en las calles, el terrorismo y las guerras tienen como origen común el ansia de dominar y ser depredador en lugar de presa. Mientras las mujeres no intervengan colectivamente en la creación de una cultura de paz que ponga fin a esa vilencia que engendra más violencia en la familia, las mujeres y los niños seguirán siendo las principales víctimas.

(…)

El mensaje urgente de la Madre es una llamada que puede oírse y a la que se puede responder desde cualquier lugar del planeta. Allá donde haya un grupo de mujeres unidas por un sentimiento de hermandad y un interés maternal, el mensaje será recibido.

El poder latente de las mujeres unidas es el recurso aún no explotado que la humanidad y el planeta necesitan. Sólo cuando las mujeres sean fuertes de espíritu, de mente y de cuerpo, habrá posibilidad de que los niños y niñas sean queridos y estén alimentados y a salvo. Sería posible entonces que, al cabo de varias generaciones, las relaciones entre hombres y mujeres experimenten un cambio evolutivo en beneficio de todos.

El ejercer nuestros derechos, o exigir aquellos que no se nos han concedido, a fin de cuidar el hogar que es nuestro planeta, de la familia y de quienes comparten la Tierra con nosotros es tarea de la mujer, y se lleva a cabo mejor cuando se hace en compañía”.

Jean Shinoda Bolen Mensaje urgente a las mujeres.

Los resaltados en negrita han sido realizados para destacar el contenido y no aparecen en el texto original.

 



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