Querida hija – Carta uno desde mi Luna

21 de Diciembre de 2016, Solsticio de Invierno, Madrid.

Querida hija:
(si es que entre las infinitas posibilidades, naces)

Te escribo.

Porque es lo único que sé hacer en medio de tanto caos.

Querida hija cuando nazcas y te nombren mujer entonces todo pasará tan rápido que no encontraré el momento preciso para decirte todo esto que hoy te escribo, porque quizá cuando lo encuentre sea demasiado tarde y ya haya dolido o quizá sea demasiado pronto y no entiendas cuando te digo.

Querida hija, te amo con toda mi alma.
No importa lo que pase después, lo que oigas o digas. No importa nada si hoy te he amado tanto… habrá tantas cosas que hagamos y no entendamos, cosas que nos sucedan: la una a la otra, pero no importará nada y es tiempo ahora, que no existes más que en mi deseo fértil de saberte dentro, saberte fuera, mecida por el transcurrir palpitante de las cosas aún por suceder. Es tiempo de decir que si has nacido entonces todo es posible. Si no para el reloj, que no para: nacerás, vivirás, morirás. Y yo también pero aún siendo tan efímeras y mortales tendremos la oportunidad de ser
eternas. Amando. Amándonos. Creando. Amapolas.

Querida hija.
Si es que naces.
Y te nombran mujer. Y tú no puedas hacer nada para evitarlo. Para protegerte, ni rechistar.
Si te nombran mujer y eres tan indefensa para decidir, porque te van a obligar a ser mujer sin preguntarte , cuando me mires y sufras sin entender: perdóname. Serán tan invisibles los lazos del poder que yo no sabré desatarlos por ti. Quizá por amor, tratando de salvarte te asfixie más. Y te vendaré los ojos para que no veas pero para que tampoco me mires. Me avergonzaré. Querida hija: si es que naces y te nombran mujer, que lo harán, perdóname por no saber liberarme a mí también y hacerte heredera universal de mis heridas. Si naciste como una poesía, cargada de futuro y al nombrarte mujer te robaron el futurible y te dejaron únicamente cargada.

Esta es mi cruzada con las palabras. Te dirán tantas cosas:

Aunque no te duela te dirán que te duele y entonces te acabará doliendo.
Te dirán que eres débil y será la creencia la que te hará más débil que tu propia debilidad.

¿Por qué habrías de creerles a ellos y no a mí? Que llega esta carta tan pronto, ahora que no existes más que en mi deseo fértil. Te diré que eres libre. Te diré que eres amada incondicionalmente, te diré que eres hermosa cuando existes. Te diré que soy tu madre y que te regalo la posibilidad de elegir.

Te diré:
“Elige creer que eres libre y esa creencia te hará libre por encima de todo”.

Te diré:
“Elige crear que eres libre y esa creación te hará libre por encima de todo”.

¿Me crees? Y aún así no te pertenezco. Te querré. Y aún así no me perteneces.

Verás, las palabras son hechizos, chisporrotean fuegos artificiales a nuestro alrededor, a veces nos pesan y a veces nos aligeran pero no hay nada realmente bello que puedas comprender con palabras. La mente te hará creer que sí porque quiere hacerse indispensable pero sencillamente no es verdad. Con palabras tampoco podrás entender la caricia ni el sufrimiento humano. Tendrás que salir ahí fuera y experimentarlo por ti misma: VIVE. Antes de creer, y estarás avalada por la vida. EXPERIMENTA. Cuando las palabras nos tocan el corazón es porque son un pálido de reflejo de algo que epidérmicamente vivimos, algo finito… lo que nos emociona realmente es la conexión con lo humano, con la carne que se pudre y que se eriza. Nos emociona vivir porque vamos a morir. Vive y serás libre.

No intentes comprenderlo todo.
La mente quiere ordenar, colocar, etiquetar. Tiene miedo de la vida porque se acaba, porque se ensucia, porque todo lo que toca lo desordena, porque es retráctil: a veces avanza y se adelanta y otras veces retrocede y se esconde. Te dicen mujer con palabras para ordenarte, darte orden y órdenes, porque tú como la vida te acabas, te ensucias, eres retráctil. Eres mucho más.

Yo nunca he sabido qué es ser mujer.
Nunca jamás nadie me lo explicó, se daba por hecho aunque dolía.
Improvisé. Como ahora. Y ahora.

Mi Madre, como muchas otras Madres, tuvo que ser hombre para ser “libre”. Fuera de casa ella era fuerte, en la oficina ella era capaz, en el imaginario de otrxs ella era líder y había que demostrarlo a los cuatro vientos… y en un susurro, ella era también mi madre.

Mi yaya fue mujer, mujer, de las que sufren.

S. tuvo la regla a las 12 años y era guapísima sin querer. Todos querían besarla y yo daba besos a la almohada. M. me regaló mi primer anillo de compromiso “mejores amigas” y el primer anillo de mi vida y después me dijo que era mentira. C. usaba tacones como si nada. A. me contó debajo de un arco que tuvieron que operarla de un bulto, pensaba que se iba a morir. P. cuidaba a su madre que estaba enferma, no pudo irse de Erasmus y a Ana María ayer la apuñaló un hombre en su portal y hoy las noticias la apuñalan mil veces más.

Y yo me creí que todas esas mujeres hacían tan bien de mujer como si nada…
Pero después me fui dando cuenta: que como yo, ninguna sabía muy bien qué hacer.
Me dí cuenta que todas estaban improvisando, lo hacían lo mejor que podían: ser guapas, ser besadas, temer, cuidar o ser cuidadas, ir no ir, morir asesinadas.

Ser mujer se improvisa. Porque ser mujer y vivir son dos cosas que suceden continua y simultáneamente y créeme, si de algo está hecha la vida de la mujer es de imprevistos… que te obligan a improvisar y te acorralan: ¡IMPROVISA! ¡SÉ LIBRE! ¡SÉ TÚ! ¡SIN SABER, SÉ!!!!

J. cogió un avión al Líbano para asistir en los campos de refugiados. P. L. y T. formaron una “trieja” y me contaron junto a un río que se puede amar a la vez a dos personas. M. se curó de un cáncer de cuello de útero con plantas de la selva. G. decide no tener hijos sino que le nazcan de las manos cuentos…

Flavia me dijo que ser mujer no era perder la cabeza. Pero sí estar desnuda siempre.

Un día mancharás rojo el mundo entre tus piernas y te nombrarán de nuevo, no importa si has improvisado y hoy te he amado tanto. Y cuando seas madre, si lo eres, y cuando seas novia, si lo eres, o becaria, tantas veces te nombrarán y los lazos invisibles se tensarán. No importa. Si has amado tanto, hija mía…

Anette, Carlota, Vivian. ¿Por qué habría yo de elegir tu nombre? ¿Quién me da derecho? Me gustaría que tú pudieras elegirte a ti y que me dijeses que nombre te gustaría pero cuando te pregunté por primera vez va a ser demasiado pronto y la segunda segunda será demasiado tarde.

Hay tantas decisiones sobre tu propia Libertad que otrxs tomarán por ti.
Antes de que nazcas y mientras crezcas y cuando envejezcas y mueras.
Otrxs tomarán las decisiones que te pertenecen.
Lo veo y no puedo evitar sufrir y no puedo evitarlo mientras tomo esta decisión por ti de hacerte
carne y hueso y sueños y frustración:
Otrxs te tomarán como si les pertenecieses.

¿Por qué?

Elegiré que nazcas por ti. ¿Lo decidiré por ti o lo haré por mí?.
Elegiré por ti que nazcas. ¿Me pertenece la decisión? ¿Me perteneces?

Quiero nombrarte Libertad y después emitir una ley con carácter retroactivo.
Para que puedas cambiarlo.
Quiero nombrarte mujer y después emitir una ley con carácter retroactivo.
Para que puedas improvisar todo el rato.

Hoy es el día con más horas de oscuridad del año.

Y a la vez miro las montañas nevadas…

Y me perdono elegir traerte aún corriendo el riesgo de equivocarme.

Porque en medio de tanta confusión, de tanta vulnerabilidad… somos capaces de amar y de crear. En eso somos especialistas los seres humanos. Se nos regala una existencia tan efímera y nos duele tanto todo y sin instrucciones y con tanto miedo y sin respuestas. Tenemos las de perder y sin embargo, amamos. En eso somos especialistas las mujeres… Te dirán que lo más peligroso es permanecer abierta y crear desde la vulnerabilidad pero créeme, lo más peligroso no es arriesgarse a amar sino arriesgarse a no haber amado. Arriesgarse a no haber creado.

Expresar nuestra verdad es lo único que verdaderamente merece la pena en medio del batiburrillo terrenal.

Nacerás del amor, como esta carta, en tiempos de oscuridad. Nacerás de mí y como mis palabras, no serás una extensión de mí sino de Dios. No me pertenecerás, ni a mí ni a nadie. Sólo tendrás que saldar cuentas con el tiempo que se te ha dado – porque a todos nos llega nuestro tiempo y lo que hemos hecho con el recurso más escaso del que disponemos.

¿Estás dispuesta a recorrer este camino?

Si es que naces y vives, en mi corazón albergo la esperanza de que si hoy te amo, te estoy dando una oportunidad, que me perdono a mi misma por mis errores, que vendrán y me celebro por mis aciertos. Si te amo y por contagio, te amas, tendrás una oportunidad de hacer las cosas a tu manera. Sólo una. Somos tan efímeras y es tan corto nuestro tiempo…

Y si pierdes la oportunidad no pasa nada, hoy miro las montañas desde mi ventana y son tan hermosas… entonces sí merece la pena si vives y experimentas la paz, aunque sea una paz imperfecta de humana… las montañas seguirán ahí por ti cuando yo me haya ido y te amarán para siempre. Te amarán los árboles y los ríos. En este camino rumbo a la selva… Quizá el amor podrá protegerte, quizá sí.

Palabras de amor contra palabras de confusión.
Abrazos contra toda lógica.
Crear a pesar de la vulnerabilidad y la imperfección.

Pienso que, a estas alturas de mi vida, no he cumplido casi nada de lo que dije que iba a hacer.
Pensaba que iba a ser de otra manera y sin embargo, he hecho otras cosas. Y estoy en paz con eso.

He visto peces lunares de colores y aves solares volar. He escuchado el silencio del desierto y he participado del bullicio de la ciudad. A lo mejor deberíamos ser capaces de expresar en medio de la incertidumbre, del caos, sin pretender antes solucionarlo todo…

Sin aspirar a la perfección.

Rendirnos.

Esta carta es una carta incompleta. Quería decir muchas cosas y sólo he desparramado unas cuantas ideas desordenadas. Pero han salido de mi corazón. Así será mi paso por esta tierra. Esta es una carta imperfecta, pero hermosa y suficiente, como lo soy yo. Como lo serás tú.

Te quiero.

Olga.

***

Esta carta pertenece al libro “VPH: Vive Por Hoy”, de Olga Hueso, con ilustraciones de Male Ehul.

Un libro de cartas para mujeres en el que Olga se pregunta “¿Qué significa ser mujer aquí y ahora…?” y retransmite en directo su propia sanación de una lesión causada por el Virus del Papiloma Humano.

Puedes comprar el libro aquí

 

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Ilustra: Male Ehul, canaliza Amor a través de los pinceles, a DIARIO, aquí y vía Facebook.
Escribe: Olga Hueso, Corresponsal de Paz



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